Laurie Hanky cumplió 11 años: una lloradita y a seguir

Hay algo extraño y mágico en cumplir once años con una marca.

Una empieza a revolver archivos y aparecen versiones de una misma que casi había olvidado.

Estos días encontré el video que hice en 2015 para presentar Laurie Hanky en Ideame, una plataforma de financiamiento colectivo. En ese momento tenía dibujos, ideas, muchísimas ganas y necesitaba juntar el dinero para hacer mi primera producción de pañuelos.

Los pañuelos todavía no existían.

Conseguí el financiamiento.

Hice la primera producción.

Y salió todo mal.

MIRÁ EL VIDEO ACÁ. 🙈

Empezar también puede salir mal

Yo no sabía cómo debía cortarse la tela. No había investigado lo suficiente y tampoco supe comunicar correctamente lo que necesitaba. El cortador cortó mal y, después, el estampado terminó de arruinar los paños.

Toda la primera producción se fue al tacho.

Y no tenía plata para volver a hacerla.

Además, en ese momento me había separado de la persona que hasta entonces me sostenía económicamente (ser mantenida, malísima decisión para mí). Volví a vivir a la casa de mis viejos y atravesé una bancarrota financiera y emocional.

Mientras tanto, había personas que habían puesto dinero en una idea que todavía no existía y estaban esperando sus recompensas.

Así que trabajé muchísimo.

Hice trabajos freelance y, con la ayuda de mi familia y de mis amigas, pude salir adelante. Unos meses después volví a producir y finalmente entregué los pañuelos.

Tiempo más tarde me invitaron a contar aquella historia en Fuckup Nights, un evento alrededor del mundo en el que dueños/ as de negocios cuentan sus fracasos.

MIRÁ EL VIDEO DE MI FRACASO

Hoy la miro desde acá y pienso que una de las primeras cosas que Laurie Hanky me enseñó la aprendí bastante rápido:

una lloradita y a seguir es una constante. Y realmente es una cuestión de actitud.

Once años haciendo cosas

Después de aquella primera producción vinieron muchas otras.

Dibujos, poemas, pañuelos, ferias, viajes, canciones, paquetes, errores, aciertos, talleres y personas.

Hubo un jingle-bolero-videoclip con Los de Seda. VIDEAZO, MIRALO ACÁ 🍒

💫 Nacieron los Pañuelos Celestiales: doce signos que fui dibujando y escribiendo con la guía de la astróloga Celeste Gómez Foschi.

🪄 Nació el Laboratorio Traje mi varita, donde dibujo y poesía se encuentran para jugar, prestarse ideas y descubrir qué aparece.

Hubo pañuelos que se agotaron. Otros que necesitaron tiempo para encontrar a sus personas. Algunos viajaron muchísimo más que yo.

Y aparecieron nuevas ideas. Siempre.

Porque si algo entendí en estos años es que dibujo y poema nacen juntos, como una canción, aunque yo no pueda plasmarlos al unísono. Algunas veces aparece primero uno y otras, el otro.

Así fueron naciendo los pañuelos con poesía.

Y así siguen naciendo.

No hacer todo sola

También aprendí algo que todavía tengo que recordarme bastante seguido:

trabajar sola no significa hacer TODO sola.

No se puede.

No insistas.

Me lo digo.

Emprender en Argentina nunca fue particularmente sencillo. Siempre hay algo que cambia, algo que resolver, números que mirar, paquetes que preparar, mensajes que contestar y una idea nueva que parece urgentísima justo cuando debería estar haciendo otra cosa.

Organizar, poner horarios y respetarlos es clave.

También me lo digo.

Pero hay algo que hizo posible estos once años y que estaba presente incluso en aquel primer desastre: el apoyo de los seres queridos es el más importante.

😽 Laurie Hanky tiene una autora, pero nunca existió en absoluta soledad.

La marca también me la fuiste mostrando vos.

Una de las cosas más hermosas que descubrí es que una clienta puede enseñarme algo sobre mi propia marca que yo no había visto.

A veces alguien elige un pañuelo por un verso al que yo no le había dado tanta importancia. Alguien encuentra una historia personal en un dibujo. Una amiga se emociona al recibirlo. Otra persona decide autoregalárselo porque siente que ese pañuelo le está diciendo algo.

Entonces entiendo un poquito mejor qué es lo que hago.

No se trata solamente de poner un dibujo sobre una tela.

Un objeto puede acompañar una manera de estar en el mundo. Puede decir vi esto y pensé en vos. ♥️ Puede recordarnos algo que necesitábamos escuchar. Puede brindarnos belleza y alegría en un día cualquiera.

Y eso me importa mucho.

No le podemos gustar a todos

Once años también alcanzan para aprender esto.

No tiene sentido buscar la mirada de quienes no quieren ver o, simplemente, no les gusta.

Hay un montón de personas que sí se enganchan y entusiasman con la propuesta.

Prefiero hablarles a ellas.

A quienes todavía encuentran placer en abrir un paquete despacio. A quienes leen el poema. A quienes eligen un regalo pensando realmente en la persona que va a recibirlo. A quienes usan un pañuelo en el cuello, en la cabeza, en la cartera o como se les canta. 🎀

A quienes buscan, como yo, la gracia en lo ordinario, la magia en lo mundano y la chispa en lo solemne.

Y llegamos a once 🥲

Este cumpleaños iba a festejarlo en la terraza de mi nuevo espacio en Club de Oficios.

Iba a haber amigues, panchos, bebidas y una cata poética.

El pronóstico anunció lluvia. La organización se me había venido encima y decidí suspenderlo.

Al final pasé el día de otra manera.

Me compré medialunas, salí a trotar, me fui con Moria —el pañuelo— a la parrilla del parque, llegué al Club y me puse a trabajar celebrando a mi creatura.

Pedí tres deseos con un alfajor y una velita.

Y en algún momento salió un poquito el sol.

No todo.

Un poquito.

Y me pareció bastante para un cumpleaños.

Porque después de once años todavía se me ocurren mil ideas que me entusiasman.

Y quiero mucho seguir haciendo.

Probando, equivocándome, aprendiendo, pidiendo ayuda, volviendo a probar.

Y haciendo algo que, cuando miro hacia atrás, descubro que estuvo ahí desde el principio:

💝 brindarte belleza y alegría.

Esa es la misión de Laurie Hanky.

Y lo será siempre.

Feliz cumpleaños, Miss Hanky.

Te quiero,

Lauri